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¿Por
qué vivir en esta eterna insatisfacción cuando lo tengo todo? Por qué siempre
quiero mas? No se lo que me pasa. No entiendo qué me impide disfrutar de mi vida
o qué me hace ver la vida sin brillo, esperando siempre algo más o mejor que lo
que tengo ahora
Salir
de la insatisfacción es posible siempre que entendamos su origen, por qué se
perpetúa en nosotros y sus mecanismos para manejar nuestra vida.
Hablar
de insatisfacción es sinónimo de no aceptación de lo que ocurre en mi vida en
este momento: el presente, el único que en realidad existe. El presente es el
enemigo del ego, pero ¿que es el ego?.
El ego
es la identificación con las cosas. La palabra identificación deriva del latín
ídem que significa lo mismo, y facere que significa hacer. Así que cuando me
identifico con algo, lo hago “lo mismo”. ¿Lo mismo que qué? Lo mismo que yo.
Cuando
un niño dice “mi juguete”, “mío”, se empieza a identificar con un objeto
externo, es decir el niño piensa que el juguete forma parte de el, digamos que
lo convierte en su identidad. Aquí nace el ego y cuando crecemos nuestra
identidad falsa o ego se refuerza, a través de mi nacionalidad, mi raza, mi
religión, mi profesión, mi físico, mi rol de padre, madre, esposo. Todo esto, se
convierte en la imagen que yo creo de mi mismo. Todo ello es ego, un sentido
falso de mi mismo. Falso, porque está basado en conceptos mentales, en mi
identificación con las cosas.
Tener
y Ser
El ego
tiende a equiparar tener con ser, pero su satisfacción al tener es poco profunda
y dura poco. Oculta en su interior, sigue habiendo una arraigada sensación de
insatisfacción, de no estar completo, de “no es bastante”, todavía “no tengo
suficiente”, lo que para el ego significa “todavía no soy suficiente”.
Tener
es una ficción creada por el ego para darse solidez y permanencia y hacerse
notar, hacerse especial. Pero, no podemos encontrarnos a base de tener y aun así
el ego cree que teniendo mas lo solucionará.
Por
eso, las estructuras del ego se basan en que nunca esta contento con nada,
necesita más, seguir buscando o realizarse en otro momento que no sea ahora,
sino en el futuro.
La voz
del ego nos dice: “cuando tenga tres kilos menos, cuando tenga esa casa, cuando
tenga marido, cuando tenga…
El ego
por tanto nos hace comprar demasiado, cambiar demasiado rápido de pareja, sentir
un hambre insaciable y no ser felices con nada.
Cuando
seas incapaz de sentir la vida que eres, es mas probable que intentes llenar tu
vida con cosas, y esto lo saben muy bien las industrias publicistas. Saben que
para que compremos cosas que en realidad no necesitamos, deberán convencernos de
que esas cosas añadirán algo, al modo en que nos vemos a nosotros mismos, o nos
ven los demás. Así que, en realidad no compramos un producto, sino un “realzador
de la identidad”.
Lo que
hace el ego es identificarse con las cosas, crea apego, obsesión y la sensación
de querer siempre más.
Procesos mentales conscientes e inconscientes
La
mayoría de las personas seguimos identificándonos con el incesante torrente
mental del pensamiento compulsivo, casi todo repetitivo e inútil. No existe un
“yo” aparte de nuestros pensamientos y de las emociones que los acompañan. En
esto consiste ser “inconscientes”. Y mientras no reconozcamos estas formas de
pensamiento en nuestro interior, mientras sigan siendo inconscientes, creeremos
lo que dicen sobre nosotros y los demás. Y ninguna posesión, lugar, persona o
condición nos dejará satisfechos jamás.
Por
eso, estar conscientes implica observar lo que pensamos, para que nuestra
identidad no se base en el contenido de mi mente sino en la conciencia que todos
tenemos en el fondo.
Estar conscientes
Siéntate en silencio asegurándote de que no va a sonar el teléfono o algo pueda
interrumpir tu momento. Observa como pasan tus pensamientos, como si se movieran
desde la izquierda a la derecha. No los juzgues, sólo obsérvalos y déjalos pasar
sin más. Hazlo como mínimo durante diez minutos. Este ejercicio de meditación te
conecta con el momento presente y te ejercita en la observación de tus
pensamientos
Mente sin juicio
Elige
un momento para usar la mente sin juicio. Cuando estés hablando con alguien,
hazte consciente de cómo tu mente emite un juicio sobre lo que dice la otra
persona, sobre su aspecto físico. Intenta que esos pensamientos pasen y céntrate
en tu respiración mientras sigues la comunicación. Con ello puedes conseguir que
tu mente no le ponga etiquetas y juicios a todo lo que ve o escucha.
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